jueves, 21 de abril de 2011

El de la acreditación

Hay en España, y en otros países, una especie de carné de conducir para poder ser maestro de universidad. Una de las contrapartidas de tener nuestro sistema educativo es que las universidades no compiten por los mejores alumnos, tampoco compiten por tener los mejores profesores. Además, la autogestión sin control de calidad ha hecho que las universidades españolas tengan una estructura endogámica y que se trate de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Evidentemente, los que son muy buenos, pueden competir por plazas donde no hay gente de la casa. La ausencia de movilidad y fomento de la calidad hace que la primera universidad española en el ranking mundial, como ya he comentado alguna vez, esté  en el puesto 150, aproximadamente. Supongo que esta acreditación intenta poner algún tipo de puerta al campo. Como un cagado más, la estoy rellenando por si mi aventura terminase en retirada.

Por supuesto, la ingeniería de control es muy diferente en Madrid que en Albacete, y por tanto, algunas comunidades, ya están creando la acreditación territorial. Es como algo así, si no llegas para la nacional, aquí tienes la territorial. En fin, como si algo sobra en España es el dinero de los contribuyentes, pues a falta de una, ahora tendremos 10 u 11 agencias de acreditación. En definitiva, la universidad española es un centro educativo donde cuatro locos que no tienen hobbies investigan, el resto da clases y se dedica a sus hobbies. Además, en España, la ausencia de estudiantes de doctorado es brutal. Evidentemente, hacer el doctorado es ponerte una cuerda al cuello, laboralmente, al menos. Aquí tienen gente de todo el mundo haciendo el doctorado por el módico precio de 18000€/año. Eso no solamente te da mucho dinero, te da peones. Investigar sin estudiantes de doctorado es como jugar al ajedrez sin peones.

Quisiera pensar que si yo hubiese uno de esos afortunados a los que le ha tocado la bonoloto universitaria española, ahora sería tan crítico con el sistema. Quiero pensar que sí, pero quien sabe. Rellenando estos papeles, pasan muchas cosas por mi cabeza, pero la principal es: Ojalá nunca me haga falta esta acreditación.   Algunas veces, sobre todo el último día de andar por mi pueblo antes de cruzar los pirineos, siempre tienes esa sensación de abandono de tu hábitat, familia y amigos. Algún día la incertidumbre laboral será demasiado agobiante y las mudanzas alrededor del mundo demasiado pesadas, pero a día de hoy, mis ganas de volver son cero.

Para finalizar, el ambiente universitario español no es de los más agradables que he conocido. Siempre esto de vueltas con los profesores, aquí va una para los alumnos. Una de las cosas más repelentes, vergonzosas y penosas en esta vida son las fiestas universitarias a la española. Nunca he terminado de entender estos macrobotellones universitarios. En mi el muro de mi amigo Moisés leí una noticia que decía algo como que los gobiernos no habían estado a la altura de los jóvenes. Asumo que este hombre no ha estado en ninguna de estas fiestas. Es evidente que ser joven lleva inherentemente asociado borracheras, fiestas, deslices y barbaridades. ¿Pero debe prestarse la universidad a esto? La universidad debe celebrar los eventos con otro tipo de actos, que los alumnos ya se ocuparan de montarse las fiestas en otros ambientes.

1 comentario:

  1. La apuesta real por un ocio alternativo desde la universidad es puramente anecdótica. Al final la BUM (ya sólo el nombre invita al desfase) siempre se encarga de tirar abajo el trabajo de las personas que dentro de la institución creen que hay otro ocio posible.

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